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Génesis 1:26
“y dijo: «Hagamos al ser humano
a nuestra imagen y semejanza.” (énfasis agregada)
Dios es la personificación de comunidad. Son tres en uno. No podemos vivir a solas, aun por más introvertidas que somos.
Una vez, hice unas preguntas por teléfono y por Facebook. Les voy a dar algunas de las repuestas porque todavía aplican.
¿Cómo es una comunidad?
“Se animan y se cuidan. Respetan las necesidades y los límites de los demás, cooperan y se aman en lo bueno y lo malo. Muestran un interés en los demás también.”
“Trabajar en equipo. Para decirlo de la forma más sencilla.”
“Compartir tu vida con un grupo de personas que tiene una meta o propósito en común.”
“La comunión con un grupo de personas que se sienten seguras las unas con las otras. Personas que se sirven, se aman, y se cuidan.”
“Vivir juntos en lo bueno, lo malo, y lo más cotidiano.”
Y ¿Cómo debe responder la comunidad cuando estás en necesidad?
“Pensamos que tenemos que llevarles una comida gourmet para ayudarles. Un pollo, un pan, y una botella de Coca-Cola alimenta a mi familia.”
“Ven a sentarte con mi hija por una hora para que yo pueda tomar una siesta.”
¿Qué opinas? ¿Puedes dar otra respuesta o ejemplo?
La comunidad de la iglesia primitiva se describe de la siguiente manera en Hechos 2:42-47:
42 Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. 43 Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. 44 Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: 45 vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. 46 No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, 47 alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos. (Hechos 2:42-47)
La enseñanza, la comunión, el partimiento del pan, y la oración… Elementos fundamentales e imprescindibles que hicieron posible lo que vemos en los demás versículos y en todo el libro de Hechos.
¿Cómo puedes ser ese tipo de comunidad esta semana?
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Mi historia favorita de Jesús es la manera en la que tocó la vida de la mujer que sufrió del flujo de sangre. Le sanó porque la vio como persona, ni su enfermedad, ni su impureza, sino su valor en el reino.
Jesús hacía eso con frecuencia. Veía a gente de maneras que otros no podían o no querían. Sus propios discípulos le reclamaron cuando invitó a los niños a acercarle. No entendieron cuando habló con una mujer samaritana en Juan 4. Sin embargo, la gente se acudía al Agua Viva, sedienta y con ganas de ser vista y apreciada por alguien.
Los marginados fueron reconocidos por primera vez. Los maltratados fueron levantados. Porque Jesús ofrece redención, no condenación. Nos invita a arrepentirnos y no nos rechaza.
¿Quién más incluiría a Rahab, la prostituta, y Rut, la moabita, en su genealogía?
¡Es importante e impactante resaltar y apreciar la manera en la cual Jesús trataba y veía a las mujeres!
La mujer samaritana preguntó a Jesús, “—¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana?” (Juan 4:9)
Jesús le ofreció agua viva y le reveló una verdad que otros ni siquiera habían preguntado o entendido, hasta el momento: lo que significaba la adoración verdadera.
Dios, hecho carne, ofreció una de las primeras explicaciones e invitaciones de adoración a una mujer extranjera. Toma un momento para reflexionar sobre eso…
Y ahora para llevarlo a lo personal: Jesús te ve, te valora, y se ofrece como agua viva. Te invita a adorarle en espíritu y en verdad, y a compartir esa invitación con otros tal como hizo la mujer samaritana.
¿Ves cómo reacciona la mujer samaritana en Juan 4:28-30? ¿Qué causó el mayor impacto en su vida? ¿La vulnerabilidad de su pecado expuesto? No. Si fuera solamente la revelación de su pecado, ¿iría al pueblo a compartir con los que había evitado a buscar agua al golpe del mediodía?
Al contrario, ella había probado el Agua Viva. Conoció al Mesías y quería compartir con todos los que tenían sed.
Jesús la vio por quien era, no por lo que había hecho, y le invitó a tener acceso al Padre, a adorarle. Y ella, impactada por su interacción con el Cristo, no pudo dejar de hablar de Él con otros.
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