Recibe palabras de animo
Nos encanta construir relaciones. Suscríbete a nuestro blog para recibir palabras de ánimo semanales y actualizaciones mensuales del ministerio a través de nuestras eNoticias en tu correo electrónico.
Etiquetas
Búsqueda
Compras en línea
Nuestros libros, recursos gratis, tarjetas, botellas de agua, y más
Blog
Más entradas del blog abajo
- Detalles
Escrito por Luzia Casali, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Rio Grande do Sul, Brasil
Cuando era adolescente, era extremadamente impulsiva. Impaciente. Quería que todo estuviera hecho ayer. Hacia el final del instituto, mi padre me dio algo en qué pensar:
"Luzia, una gallina tarda 21 días en eclosionar un huevo a una temperatura de 30°C. ¿Qué pasaría si subiera la temperatura a 50°C?"
Le respondí: "El huevo se cocinaría; no habría pollito".
Volvió a preguntarme: "¿Y si le quito el huevo a la gallina después de 15 días?"
Respondí: "El pollito no estaría listo".
Moraleja: En la vida, hay un momento adecuado para completar cada tarea—ni antes ni después.
Así como tuve un padre terrenal que me dio buenos consejos, tenemos un Padre Celestial que nos guía. Jeremías 29:11 dice "Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza" (NVI).
Él es quien guarda los planes para cada una de nosotras. Estos planes abarcan todas las áreas de nuestras vidas y se desarrollan según Su momento.
La formación en discipulado es una de ellas. Necesitamos orar y confiar en Dios durante todo el proceso.
La Biblia nos pone el ejemplo de alguien que intentó quitar el huevo antes de que el pollito estuviera listo y sufrió las consecuencias.
Consideremos el caso de Saraí en Génesis 16. Dios había hecho tres promesas a Abram en Génesis 13: un hijo, la tierra y el Descendiente. Fue Dios mismo quien hizo la promesa, afirmando que Saraí tendría un hijo. Sintiendo que el proceso estaba tardando demasiado, ella tomó cartas en el asunto. Ofreció a su esclava egipcia, Agar, a Abram, y Agar concibió. Creyendo que era superior a su amante por haber quedado embarazada, Agar empezó a menospreciar a Saraí. Saraí, sintiéndose irrespetada, comenzó a maltratar a Agar—con el consentimiento de Abram. Incapaz de soportar la presión, Agar huyó al desierto (embarazada, sin comida ni agua). Sin embargo, nuestro Dios misericordioso intervino y envió un ángel que le dijo que regresara y se sometiera a Saraí. Sin embargo, instruyó a Agar para que llamara a su hijo Ismael —que significa "Dios oye"— y profetizó que sería un hombre rebelde e independiente, en constante conflicto con los demás.
Los ismaelitas eran, de hecho, un pueblo conflictivo, que vivía en constante hostilidad hacia todos sus hermanos (Gn 25:17–18).
Eran comerciantes nómadas que incluso comerciaban con esclavos. No debemos olvidar que fueron los ismaelitas quienes compraron a José a sus hermanos (Gn 37:28).
Aunque Saraí tomó el huevo antes de que eclosionara, Dios honró la promesa que le había hecho a Abram. Sin embargo, siguieron las consecuencias—específicamente, el conflicto de los ismaelitas con otros pueblos. Sin embargo, Dios no cambió sus planes; cumplió la promesa hecha a Abram: Isaac (el hijo), Israel (la nación) y nuestro Señor y Salvador Jesucristo (el Descendiente).
Del mismo modo, no podemos apresurar la formación de discípulos. Hay un momento adecuado para que cada uno madure en la fe y dé fruto. Siempre debemos llevar a los discípulos, sus estudios y su tiempo de calidad con el Padre ante el Trono de Dios.
Si retiramos el huevo demasiado pronto —no dejamos tiempo suficiente para que el discípulo esté preparado para el trabajo en la Iglesia— puede haber diversas consecuencias. Aquí tienes algunas de ellas:
- Agotamiento y frustración: El discípulo afronta responsabilidades sin los medios para manejarlas, lo que conduce a estrés, frustración y desánimo: no discipular a otros y, en el peor de los casos, abandonar la fe.
- División y conflicto: La inmadurez y/o la falta de conocimiento adecuado pueden llevar a decisiones precipitadas o a un uso poco sensato de la Palabra, causando fricción dentro de la congregación.
- Desviación de la sana doctrina: Sin conocimiento adecuado, el discípulo puede comprometer la predicación de la Palabra pura.
- Heridas dentro de la congregación: Las personas no preparadas pueden herir emocionalmente a otros miembros debido a la falta de discernimiento o preparación psicológica y/o espiritual.
Así como Dios tenía planes para enviar al Salvador —planes que no fueron obstaculizados— debemos darnos cuenta de que hacer discípulos forma parte del plan de Dios: entrenarlos para que hagan otros discípulos (Mt 28:19–20) y confiar en que Él es quien trae el crecimiento (1Co 3:6). No podemos intentar tomar cartas en el asunto como hizo Sarai porque habrá consecuencias.
Mi consuelo radica en saber que, así como Dios no cambió sus planes para enviar al Salvador, tampoco cambiará sus planes para que la Palabra sea predicada.
Que Dios nos bendiga.
- Detalles
Escrito por Liliana Henríquez, voluntaria en el Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Colombia
Mi época escolar coincidió con los inicios de la carrera musical de Shakira. En aquel tiempo, era fácil reconocer a una de sus fanáticas: bastaba con verla usando pantalones de cuadros. ¡Fue una moda impresionante! Todas queríamos tener unos. Y lo curioso es que no hacía falta decir que éramos fanáticas de Shakira; nuestra forma de vestir lo comunicaba por sí sola.
Algo parecido sucede con nosotras como cristianas. Muchas veces no necesitamos decir nada para comunicarlo todo. Nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestra manera de vivir hablan de quiénes somos y de a quién seguimos.
Como nos recordó Nila en la reunión virtual de junio, dar fruto es algo natural. Una rama conectada a la vid produce fruto porque esa es su naturaleza. No tiene que esforzarse por aparentar que está viva. El fruto aparece como resultado de permanecer conectada a la fuente que le da vida.
De la misma manera, cuando permanecemos en Cristo, el fruto comienza a manifestarse en nuestra vida. Se refleja en nuestra paciencia, en nuestra forma de amar, en nuestra capacidad de perdonar y en la paz que experimentamos aun en medio de circunstancias difíciles.
Pero vayamos un poco más profundo...
Siguiendo con el ejemplo de Shakira, no era lo mismo usar los pantalones de cuadros que conocer todas sus canciones. Quienes nos sabíamos las letras demostrábamos que realmente habíamos dedicado tiempo a escuchar su música. Había algo más que una apariencia externa.
Con Jesús sucede algo similar. Cuando pasamos tiempo con Él a través de Su Palabra, comenzamos a pensar, hablar y actuar de una manera diferente. Nuestras palabras reflejan lo que llena nuestro corazón, y nuestras acciones evidencian la cercanía de nuestra relación con Él.
A veces queremos reflejar a Cristo sin pasar tiempo con Cristo. Queremos tener las respuestas correctas, las palabras adecuadas y la sabiduría necesaria para ayudar a otros, pero olvidamos que todo eso nace de una relación cercana con Él. No existen atajos para dar fruto abundante.
Necesitamos pasar tiempo con Dios. Es en ese espacio de intimidad donde el Espíritu Santo nos enseña, nos transforma y nos recuerda las verdades que necesitamos en cada momento.
Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho. (Jn 14:26 NVI)
Y si alguna vez sientes temor de no saber qué decir o cómo compartir a Jesús con otras personas, tranquila. No depende de tu elocuencia ni de tener todas las respuestas. Tu responsabilidad es estar disponible y dispuesta a ser un instrumento en las manos de Dios para animar, instruir, consolar y bendecir a otros. El Espíritu Santo se encargará del resto.
Porque en ese mismo momento el Espíritu Santo les enseñará lo que deben decir. (Lc 12:12)
¿No has experimentado alguna vez que, mientras conversas con alguien, surge en tu mente un consejo, una palabra de ánimo o una perspectiva que no habías planeado compartir? Tal vez llegaste a esa conversación pensando que no tenías nada importante que aportar y, de repente, encontraste las palabras exactas que la otra persona necesitaba escuchar.
Me atrevo a decir que muchas hemos vivido algo parecido. Y cuando sucede, solemos preguntarnos: “¿De dónde salió eso?”. Ahí podemos ver la obra del Espíritu Santo usando nuestra vida para edificar a otros. Lo maravilloso es que Dios no necesita personas perfectas para cumplir Sus propósitos. Él usa corazones dispuestos, personas que han aprendido a escucharlo y que están disponibles para ser guiadas por Él.
Me gusta pensar en esto como una sincronización. Así como el correo electrónico se actualiza automáticamente en todos los dispositivos conectados, nuestra mente y nuestro corazón se alinean con Dios cuando permanecemos cerca de Él. Mientras más conectadas estemos, más sensibles seremos a Su dirección y más fácil será reconocer Su voz en medio de las situaciones cotidianas.
Entonces, ¿cuál es la clave?
Permanecer cerca de Jesús. Pasar tiempo en Su presencia. Permitir que Su Palabra transforme nuestro corazón. Y cuando llegue el momento de hablar, confiar en que el Espíritu Santo pondrá las palabras correctas en nuestra boca.
Deja que Dios te use. Cuando camines cerca de Él, descubrirás que sí sabes qué decir.
