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Escrito por Johanna Zabala, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en Venezuela
La sabiduría de Dios es y siempre será un don precioso que proviene del eterno, manifestándose en ti, en cómo te desenvuelves y en las palabras que reflejan el carácter de Cristo y no en el conocimiento humano. En Santiago 3:17 dice: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (RV1960).
Dicha sabiduría divina se adquiere al obedecer y perseverar en pasión, disciplina y amor hacia Dios (Pr 1:7); por lo tanto, es de origen celestial, es diferente a la sabiduría humana, se pide con fe, se demuestra en las pruebas y dificultades, es como una guía de vida diaria y produce, entre muchas otras virtudes, crecimiento espiritual.
Como hija del Rey, practicar la sabiduría de Dios me llena de una paz perfecta y una alegría única, en medio de una humanidad sin esa sabiduría; por lo tanto, “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef 5:15-16).
Es por ello que vivir día a día en sabiduría permite particularmente aprovechar al máximo cada oportunidad para experimentar y accionar sus inmensos beneficios de seguridad y mansedumbre en Cristo Jesús. Convirtiéndose en una bendición el poder hablar de parte de Dios en cada momento y en cada lugar en el que me encuentre, trayendo tranquilidad, vida y propósitos que glorían Su Santo Nombre; siendo esto, mucho mejor que el bienestar material o el éxito personal.
En mi vida diaria y en los sitios que Dios mismo me permite estar, es para mí esa ocasión para hablar del más bello regalo de amor que es Jesús y su Espíritu Santo. Son regalos que dan como resultado una vida bajo la dirección y el conocimiento de un Padre soberano.
Al tener en común un mismo Progenitor celestial, somos hermanas de un mismo Papá, siendo este el dador de Su infinita sabiduría, que conlleva estar atentas a las maquinaciones humanas que contrarrestan lo espiritual, una lucha permanente que requiere de un autocontrol en el Espíritu Santo y el alma. Su sabiduría que viene del cielo es como un arcoíris de colores que da luz al corazón, a la mente y proceder para poder reflejar una vida plena y con sentido, proporcionando la orientación necesaria y el saber avanzar a diario y en armonía con la voluntad divina.
Por lo tanto, mira qué linda es esa sabiduría, resaltada en Proverbios 3:13-26, que dice:
Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen. Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia los abismos fueron divididos, y destilan rocío los cielos. Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo, y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará. Cuando te acuestes, no tendrás temor, sino que te acostarás, y tu sueño será grato. No tendrás temor de pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere, porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso.
Este texto enseña cuán precioso es estar bajo la sabiduría de nuestro Dios, mientras su práctica diaria nos hace sabias y prudentes. Cuán maravilloso es estar a sus pies y en su Reino Celestial. Bienaventuradas somos.
Y si en momentos te sientes sin fuerzas, te sientes inmerecedora de Su gracia y de Su grandioso amor, recuerda: estás en Su gracia, en Su perdón y vida permanente, que nos muestra la posibilidad de cambiar continuamente a lo espiritual, mediante el Espíritu Santo y Su sabiduría perfecta.
Discierne en tu corazón atentamente bajo la luz del Espíritu Santo y Su sabiduría, obsérvate en cada instante, pregúntate: ¿tengo la sabiduría que viene de Dios o solo mi propio conocimiento? “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stgo 1:5).
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Escrito por Amanda Mirian, voluntaria del Ministerio Hermana Rosa de Hierro en João Pessoa, Brasil
En 1 Samuel capítulo 25, encontramos una historia que involucra a Dios, David, Abigail y Nabal.
David fue el ungido de Dios. Nabal es descrito como un hombre grosero, malvado y tonto; "tiene tan mal genio que ni hablar se puede con él" (v. 17 NVI). Era el esposo de Abigail, una mujer descrita como inteligente y hermosa.
David y sus hombres se ofrecieron a proteger la propiedad y los siervos de Nabal, cobrando lo que pudiera pagar. Nabal era un hombre financieramente próspero, pero en su necedad, rechazó la petición de David. David, a su vez, se enfureció por las acciones de Nabal y juró matar a todos los hombres de su casa.
¿Cómo lidias con la injusticia? ¿Cuál es tu comportamiento cuando algo injusto sucede ante tus ojos?
La tendencia general es ser vencida por la ira, la revuelta, la indignación y el deseo de que el culpable sea castigado. "¡Quien haya hecho tal y tal cosa debe pagar por ello!" A veces nos olvidamos de quién resultó herido o sufrió la injusticia, e invertimos toda nuestra energía en castigar al culpable. En este contexto, la ira puede convertirme en un agresor.
La ira es parte de nuestro repertorio de emociones básicas; aparece en situaciones que consideramos injustas. Sirve para establecer límites y evitar daños mayores. El objetivo es detener lo que causa sufrimiento.
Abigail fue informada por uno de sus sirvientes sobre lo que David había hecho por ellos y sobre la actitud de Nabal. El siervo dijo: "Piense usted bien lo que puede hacer" (v. 17). Ella intervino rápidamente para resolver la situación. Envió a David y a sus soldados una generosa cantidad de provisiones y fue a su encuentro.
¿Qué le dirías a un general enfurecido, marchando con sus 400 hombres, dirigiéndose hacia tu casa con el objetivo de matar a todos los hombres? ¿Cuáles serían las palabras correctas? ¿Qué haría cambiar de opinión a David?
La actitud de Abigail reveló la sabiduría que viene de Dios: escuchó las necesidades de los ofendidos, encontró formas de satisfacer sus necesidades, fue pacificadora y basó sus palabras y acciones en el temor del Señor. Ella le recordó a David al Dios al que servía y las batallas que debían librarse.
En 1 Samuel 25:23-31, algunas de las palabras de Abigail fueron: "El Señor tu Dios ciertamente hará una dinastía duradera para mi señor"; "peleas las batallas del Señor"; "no se hallará en ti ningún delito"; "la vida de mi señor será atada firmemente en el manojo de los vivos por el Señor tu Dios"; "Cuando el Señor... lo ha nombrado gobernante sobre Israel, mi señor no tendrá sobre su conciencia la carga asombrosa de un derramamiento de sangre innecesario o de haberse vengado".
Al escuchar las palabras de Abigail, David alabó al Señor por ella, reconociendo que Dios la usó y que con su buen juicio, evitó que se derramara sangre en nombre de la venganza.
Cuando Nabal se enteró de todo lo que había sucedido, sufrió un derrame cerebral y quedó paralizado. Unos diez días después, el Señor lo golpeó y murió. Cuando David se enteró de la muerte de Nabal, mandó llamar a Abigail y la tomó por mujer.
Santiago 3:17-18 dice:
En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura y además pacífica, respetuosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.
La ira de David nunca podría producir la justicia de Dios. La actitud de una mujer piadosa es de paz y buen juicio. Cuando tu corazón se llene de furia o cuando alguien abrumado por la ira se cruce en tu camino, recuerda los atributos de la sabiduría de Dios, recuerda al Dios al que sirves, sé un pacificador y recuerda que una mujer llena de la sabiduría que viene de lo alto puede evitar la guerra.
Además de la sabiduría, otra característica de Abigail era la belleza. 1 Pedro 3:3-4 dice:
Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Más bien, que la belleza de ustedes sea la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu humilde y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios.
Si queremos ser mujeres sabias y hermosas, debemos buscar estos atributos en el Señor. La obra del Espíritu Santo en nuestras vidas moldeará nuestro carácter y nos guiará en situaciones en las que nuestras emociones nos llamen a la guerra. Las palabras correctas y las actitudes correctas en estas situaciones provienen de Dios, no de nosotras mismas. Necesitamos estar a los pies del Maestro, Jesús, escuchando y practicando su palabra, para estar listos para enfrentar las dificultades, las nuestras o las de las personas que se cruzan en nuestro camino.
